Vorágines y cambios

Hola, perdidos. 

Qué olvidado tengo mi blog. La verdad es que pensé varias veces en venirles a platicar mis patoaventuras, incluso inicié una entrada alguna vez, pero la vida ha tenido atorado el pedal del acelerador y apenas si me ha dado tiempo de agarrarme de la puerta de copiloto con las uñas y morder el cinturón con los dientes. Adaptarme, pues. 

Este año hubo muchos cambios importantes en mi vida, más de los que de por sí. Todo comenzó cuando la jefa de mi marido dejó la oficina por irse a lo que antes era el Conacyt. La nueva jefa llegó de un área completamente distinta, sin saber cómo se manejan las cosas ahí y queriendo hacer su voluntad. El resultado: un desastre. Vic estaba manteniendo la oficina en pie prácticamente solo, al punto en que incluso yo tuve que ayudar en un par de ocasiones para que salieran las cosas, mientras la nueva jefa ni siquiera parecía consciente de la carga de trabajo bajo la que los tenía. 

De modo que cuando la anterior jefa le preguntó a mi marido si quería seguirla a la nueva oficina, no dudó en decir que sí. Aunque el puesto no es de jefe, como el que tenía antes, la paga es mucho mejor y prometieron horarios más decentes. ¿Lo malo? Quedaba bastante más lejos. Había que despertar más temprano, llegaba igual de noche, y con el metro descomponiéndose cada que pasa la mosca la verdad es que dejó de ser práctico muy pronto. Así que casi de la noche a la mañana decidimos mudarnos en enero cuando habíamos pedido chance hasta junio. Literal fue cosa de dos a tres semanas en lo que buscamos depa, llenamos los requisitos y finalmente nos mudamos. Mi 14 de febrero de este año literalmente fue hacer maletas de madrugada porque la mudanza llegaba a las 11 am, y nos faltaban un montón de cosas por guardar. 

La verdad es que fue divertido. También fue divertido pasar la primer noche en el suelo sobre un montón de cobijas con todo y bebé, porque la base de la cama no cupo por las escaleras y hubo que desarmarla para poderla meter y el colchón quedó enterrado entre las cajas. 

Yo me fui temprano al departamento vacío a esperar que llegara el técnico a instalar el internet porque no podía trabajar sin internet y era de vida o muerte, así que fue lo primero que arreglamos. Vic se quedó supervisando a los de la mudanza, que además tuvieron que acompañarlo a su departamento de soltero por otras cosas antes de finalmente llevarlo conmigo al nuevo departamento. Pasamos gran parte de la tarde viendo cajas pasar, lo cuál es gracioso porque yo tenía la impresión de que no teníamos gran cosa (en especial yo). Cuando terminamos mi suegro nos acompañó a comer, regresamos a partir un pastelito para celebrar, y finalmente por la noche nos quedamos solos en el desorden que prometía ser nuestro nuevo hogar. El departamento está súper cerca de CU y bastante cómodo para el trabajo de Vic y el mío. 

Nos tomó un par de semanas terminar de desempacar, y mis libros de hecho siguen guardados en cajas porque resultó que mi librero estaba carcomido por la humedad y las termitas y no hemos tenido oportunidad de repararlo. 

No me quejo, el cambio ha sido... interesante. Ya lo he dicho antes, pero una vez más confirmamos que Victor y yo somos un gran equipo. Everything goes smoothly. Nada de tener que acostumbrarse al otro, o tener paciencia, o soportar. Nada. Es como si hubiéramos vivido juntos toda la vida. Nos ayudamos mutuamente y no hay reclamos cuando algo se dejó de hacer. Aunque al principio la verdad la pasé un poco mal. Primero, porque con todo el show en su trabajo anterior, el estrés de buscar departamento se me cargó casi exclusivamente a mí. Además, como fue un poco intempestivo, no tuve tiempo de hacerme a la idea y sí que es doloroso dejar el nido, a pesar de que sí quería hacerlo. Extraño a mi mamá y a mi gata. 

Además, como al mes o incluso antes, hubo una especie de crisis en la nueva oficina y estuvieron teniendo que salir tarde, ir en fines de semana, etc durante más de un mes, así que además de los cambios obvios también tuve que hacerme cargo de la casa y el bebé en completa soledad durante una temporada y vaya que sí fue pesado. Lo bueno es que para mayo ya se había resuelto el problema y volví a tener marido, porque a pesar de que apenas tiene tiempo de ayudarme, sí que se siente su ausencia cuando no puede hacerlo. 

Otra cosa graciosa de cambiarnos fue que coincidió con sus chistecitos de Trump de poner aranceles hasta a las moscas y la lavasecadora que tuvimos que comprar (ya teníamos ambas por separado, pero no había suficiente espacio, y el casero se ofreció a comprarlas para que pudieramos comprar una que sí cupiera) se tardó como tres meses en llegar, y al final todavía tuvimos que esperar otro mes para que funcionara porque resulta que el casero nos mintió y no había instalación para ponerla jaja, y se tardó un montón en mandarla a poner (lo peor es que la puso sobrepuesta, cosa que mi marido pudo haber hecho desde antes y sin pagar tanto, pero bueno, de haber sabido...). 

Adaptarme a hacer todo sola me costó menos trabajo del que esperaba, aunque ayudó bastante que unas semanas antes justo había tenido que llevar la casa yo sola porque mi mamá se puso un implante dental y no la dejaban hacer un montón de cosas durante la recuperación. Lo que pensé que me pesaría más era hacer la comida, pero en realidad me adapté bastante rápido, y creo que el principal reto fue más bien cuidar de un bebé yo sola. Aún así parece que hice un buen trabajo. Mientras trabajaba la ponía con sus juguetes en la caja del microondas hasta que ya comenzó a ponerse de pie e intentar matarse para salir. Después de eso se ha vuelto un torbellino, mi casa casi siempre está tirada por más que intentemos mantenerla ordenada, pero me hace feliz verla descubrir el mundo y no me importa si lo demás se cae por eso. Ahora ya camina y corre y trepa y yo tengo que estar detrás de ella evitando que se mate jaja. Es divertido tener bebés, deberían intentarlo. 100/10, would recommend. 

Aunque definitivamente viene con retos. Hay que llevarlos al pediatra desde la semana de nacidos, y la verdad la primera a la que la llevé no me agradó porque quería que le diera fórmula, así que cambié, pero quizás fue un desacierto haber cambiado por un recomendado de la familia de Vic que en realidad  ni pediatra era, sino un gastroenterólogo que trabaja como médico general. Las mediciones eran con cinta, la pesada era pesándonos a nosotros con y sin bebé, etc. y se suponía que todo iba bien al principio, la niña crecía 3 cm entre cada visita y estaba bien de peso, o eso se suponía, hasta que de repente, casi coincidiendo con que nos cambiamos al departamento, empezó a hacer cuentas y nos dijo que la niña no estaba creciendo bien, que debía pesar 10 kilos al cumplir un año, ya tenía como 8 meses y pesaba 6.5. Después de esa edad aumentan menos de peso, y entonces era obvio que no iba a pasar. Escuchar eso luego de que supuestamente todo iba bien nos preocupó y como justo nos habíamos cambiado cerca de la zona de hospitales, aprovechamos para llevarla con un especialista: endocrinólogo pediatra. 

Lo malo fue que estaba incluso peor de lo que creímos: en lugar de 68 medía 62, y pesaba 5.800. Los bebés se miden en percentiles, y ella estaba incluso por debajo del primer percentil. Y pues esto ha sido un viacrucis desde entonces: visitar mil especialistas que cobran un ojo de la cara sólo por verlos, y un montón de medicinas y medidas extraordinarias para tratar de investigar si todo va bien y recuperar tanto peso como talla. Pero pues ahí la lleva. Sigue muy flaca y chiquita, pero ya pasó al percentil tres así que vamos de gane. A principios de diciembre se me enfermó feo (le dio gripa, no la traté, se le pasó al estómago, cosa que no sabía que se podía, y estuvo un par de semanas más quisquillosa con la comida) así que supongo que no habrá mucha mejoría en este mes, pero al menos ya recuperó el apetito y ya es un poco más tragoncita, así que espero que en algún momento veamos el esfuerzo recompensado. 

Seguramente todo el show es culpa de mis genes, porque mi abuela no permitió que mi mamá me llevara al pediatra (pa qué, si no está enferma), pero viendo mis fotos tenemos la misma complexión la bebé y yo, así que es probable que venga de allí y ojalá con el esfuerzo y la inversión que estamos haciendo logremos que crezca más que yo. A mi también me llevaron al endocrinólogo en algún momento, aunque creo que ya fue un poco tarde. Así que fingers crossed

Si tengo que ser sincera, me arrepiento un poquito de estar tan peleada con la idea de darle fórmula y de no haber puesto más interés en su alimentación. La primera pediatra me hirió el ego diciendo que mi leche no estaba sirviendo y quizá quise probar que no era verdad, porque sé que la leche materna es muy buena, pero quizás sí hubiera ayudado un poco de fórmula. Con la comida sólida, aunque sí le empecé a dar a tiempo (incluso antes, a los 5 meses, por recomendación de aquel doctor), le daba dos veces al día hasta que empezamos a ir al endocrinólogo y al parecer era muy poquito, ella me mandó a darle 5 veces, y yo me quería volver chango porque en qué momento iba a lograr eso, pero con ayuda de Vic y algo de esfuerzo se pudo. Cosas que pasan cuando eres mamá primeriza, supongo. 

Otro de los cambios/retos de este año fue la oficina. Primero me empezaron a obligar a ir a la oficina una vez al mes, día en el que mi mamá me cuidaba a la bebé en la camioneta afuera de la oficina. Pero por ahí de agosto comenzaron a hacernos ir dos veces a la semana. Lo cual primero fue horrible porque pasó justo después de las inscripciones en Economía, así que tuve que adaptar mis horarios para poder cumplir, y ahí me ven con mi cría a la escuela y con mi cría a la oficina porque obviamente ya era mucho pedirle a mi mamá que hiciera tanto gasto y esfuerzo. 

Estuve así un mes, quizá, hasta que uno de los jefes me dijo que ya no estaba chido que llevara a la niña aunque está muy linda. Yo ya la había apuntado en una guardería de por la casa, pero estábamos en lista de espera, y tuve que apurar el trámite pidiendo en otra donde hubiera lugar aunque estuviera lejos y así terminamos en una hasta por Mixcoac. Es un poco un viacrucis ir y venir desde la casa, pero al menos nos queda cerca del trabajo a los dos, así que Vic la lleva y yo la recojo, y ha funcionado. 

Al principio también estaba peleada con la idea de mandarla. Mi suegra ya me lo había sugerido porque me quejaba de que cuidar a la nena no me dejaba hacer muchas cosas en la casa, y había días en los que mi cruce de cableado y eso me hacían corto circuito y era horrible. Pero yo quería ser súper mamá que lo podía todo y además me da miedo el montón de peligros que corren los bebés en otras manos: la cantidad de historias de abuso, negligencia y muerte que he escuchado son terribles. Pero, también hay historias buenas, supongo. Mi marido y su hermano siempre fueron al CENDI en la oficina de mi suegra. 

Yo juraba que sólo la iba a llevar dos días a la semana, pero como al principio sí tienen que ir del diario para adaptarse y no estar con la ansiedad de "¿Acaso será hoy día de guardería?", descubrí que no estaba tan mal. Estoy hasta de mejor humor, lo cuál es bueno para ella. También en la escuela a veces me costaba mucho trabajo poner atención y que dejara tomar la clase a todos ahora que ya camina y es más latocita, así que me acostumbré a la idea pronto. Al final entre eso y que recuperó más rápido peso gracias a lo-que-sea que hagan en guardería para que coman, decidimos llevarla del diario lo necesitara o no. No creo que me haga mala mamá ¿Verdad? Además ahí los ponen a hacer cosas creativas que yo no hacía en casa y aunque le costó un ratito adaptarse, ahora hasta va contenta. También sirvió para que conviva más con el papá, con aquello de que él la lleva, y es buen entrenamiento para cuando ya tenga que ir al kinder (pfft, va que vuela, me molesta un poquito lo rápido que pasa el tiempo). 

En fin. 

Tampoco es todo miel sobre hojuelas. Yo especialmente he sufrido de dinero todo el año por mi pésima educación financiera, algo que espero poder solucionar en 2026. Resulta que cuando pagamos el parto, lo pagamos con mi tarjeta de crédito porque tiene una línea más alta que la de Vic que ni la usa, y él me lo dio en efectivo, pero esperando aumentar un poquito ese dinero y aprovechando los MSI, lo metí en cetes y fui pagando de a poco. Pero, en algunas ocasiones gasté alguna cosa que sobrepasaba mi salario y se me hacía fácil decir "total los últimos meses pago yo la mensualidad" y pues, craso error, porque no contaba con lo de la mudanza y que fueron un montón de gastos y me agarraron desprevenida con esa deuda, así que se aumentó. Y los servicios en el departamento y las medicinas, que son mis aportaciones a la casa, están un poco pesados para mi salario, así que estuve sufriendo hasta junio. Y justo cuando me recuperaba, decidí gastarme por adelantado lo del mes de julio, "al cabo cuando me paguen pago la tarjeta". Pero, pendeja de mi, olvidé que tenía que guardar dinero para ir a la escuela ¿No? Los pasajes, la comida, los Ubers ocasionales porque la bebé ya viene dormida, está lloviendo, o ya voy tarde a algún lado, etc. Así que tuve que pedirle prestado a mi mamá, y luego nos surgieron unos imprevistos y un dinero que presté al casero a cuenta de renta Vic ya no me lo pudo regresar, así que tuve que volver a endeudarme, luego el gas se acabó dos veces en un mes y, argh, puta madre, si no es una cosa es otra, el punto es que me pasé todo el año endeudada. Los últimos meses incluso he tenido que hacer ciertas argucias con la tarjeta para bajar el saldo mínimo porque de otra forma no podría pagarla. 

Pero parece que ya voy a estar mejor. Entre lo que sobró de aguinaldo luego de pagarle a mi mamá, el aumento del año que entra, y que ahora he estado adelantando pagos de servicios ergo bajando lo que tengo que pagar los próximo meses, parece que por ahí de abril volveré a ser una persona financieramente responsable y prometo no volverlo a hacer jiji. Crucen los dedos con eso también, capaz que me sale otro imprevisto y otra vez la burra al trigo. 

En fin. Ya se alargó bastante y ya les dije lo más importante del año, así que los dejaré con eso y con la promesa de venir a contarles de la vida de casada y mamá más seguido. Gracias por seguir aquí. 

XOXO

Mirie


La última consulta antes del parto, la doctora me preguntó cuándo quería que saliera la pequeña, ya que habíamos establecido que tenía que salir a las 38 semanas por lo de la diabetes gestacional, o le podía dar muerte súbita en el vientre, cosa que definitivamente no queríamos. 

A mi me hubiera gustado que fuera el 30 de mayo porque estaría coqueto que los tres fueramos del 30, nomás de distintos meses, pero al mismo tiempo quería que durara más para que se terminara de cocer, así que pues ya ni modos. Tampoco me hubiera gustado el 15 porque es el cumpleaños de su abuelo, y uno de los dos se iba a quedar sin cumpleaños, ja. Mi marido decía que el 7, pero también es el cumpleaños de otro sobrino, así que yo prefría el día 6, pero la doctora insistió que el 7 por su agenda. Así que con el pesar de mi corazón fuimos a hacer la cita con su secretaria, quien me entregó una hoja con la lista de cosas que había que llevar al hospital. Teníamos que estar ahí a las 7 am. 

Más tarde, al revisarla, me percaté que decía que era para cesárea, y yo quería cuando menos intentar que saliera por parto ya que luego es más difícil que te quieran hacer parto, así que le escribí a la doctora y al final la convencí de inducirme el día 6. Teníamos que llegar a las 10 am a que me pusieran una dosis de medicamento para inducirme, y después me mandaron a caminar 4 horas en las que no podía comer. Mi mamá y Vic me acompañaron a caminar al parque hundido que está justo detrás de la clínica, e incluso pasamos por un té de jengibre para ayudarme a inducir el parto. 

Guiomar nos alcanzó en el parque y nos acompañó en la caminata. Regresamos a las 2 para la revisión y resultó que no había dilatado ni un centímetro. Pero, como sí estaba empezando a sentir contracciones, me pusieron una segunda dosis y me mandaron a caminar otras 4 horas. Mi suegra me mandó a comer chocolate amargo así que fuimos a un Sanborns cerca a conseguirlo, y seguimos caminando por la zona. Más tarde mi suegra también nos alcanzó justo cuando Guiomar se iba. Ella, mi marido y mi mamá se fueron a comer una torta por allí en una calle de enfrente y yo seguí caminando mientras. Creo que caminé en ese día todo lo que no pude caminar los últimos meses de embarazo. 

En algún momento también nos encontramos un poquito con mi suegro porque pasó a casa de Vic para traerle unas cosas que había olvidado y justo cuando se fue sentí la contracción más fuerte, hasta se me salió la lagrimita. De ahí que cuando regresamos a la clínica yo estaba esperanzada: las contracciones ya eran más fuertes y más seguidas, y comenzaban a doler, pero al revisarme resulta que seguía sin dilatar nada, así que ya era obvio que tendría que ser cesárea. El pequeño problema fue que al parecer no habían apartado un quirófano para mi y tuvimos que esperar casi 2 horas en lo que me buscaban una alternativa. (La clínica tiene convenio con varios hospitales en la ciudad, pero supongo que tienen un límite de quirófanos disponibles al día y ese día ya estaban todos llenos). Al final la única alternativa fue irnos al hospital de Toluca a las 5 am. 

De haber sabido abría aceptado mi destino desde el principio y habría sido menos complicado, jaja. 

Saliendo de la clínica fuimos a cenar (comer para mí) en un Toks a unos metros de la clínica y luego nos fuimos hacia Toluca cerca de las 12. Llegamos bastante rápido por la hora y porque ya estábamos al poniente de la ciudad. El hotel más decente que encontramos fue el Best Western Plus y sólo encontramos una habitación con cama King para los tres, ya que mi mamá nos llevó. Al final había que llegar al hospital a las 4 por lo que sólo dormimos cerca de tres horas y me tuve que bañar con agua fría porque era lo único que salía. A mi mamá no la dejaron pasar al hospital hasta la hora de visitas así que sólo eramos Vic y yo contra el mundo. Apenas hubo tiempo de instalarnos, llegaron unas enfermeras para rasurarme el pubis y ponerme medias de compresión y luego ya fueron por mí para llevarme a quirófano. Recuerdo que antes todavía le dije a Vic que si algo me pasaba le encargaba a la bebé y a mi mamá. 

No entramos juntos pero dejaron entrar a Vic en algún momento cuando me terminaban de preparar. Estaba completamente desnuda con una bata, un gorro y cubrebocas (que, por cierto, me tapaba la mitad de la vista). Estaba nerviosa sobre todo en cuanto a la anestesia: me dijeron que no me moviera porque, pues, es en la columna. Pero me dolió tanto que quería retorcerme, sentí perfectamente como pasaban un hilo por dentro. Después se suponía que estábamos esperando a que me hiciera efecto y que iba a sentir que no podía mover las piernas. Yo aún podía mover un poco una, y los deditos del pie de la otra, así que me aseguré de mantenerlos en movimiento para que se dieran cuenta de que la anestesia aún no terminaba de hacer su trabajo, pero estaba tan entretenida en eso que no supe que en realidad ya estaban haciéndome la cirugía. En algún momento me dijeron que iba a sentir un jalón, y lo sentí, pero creí que me estaban acomodando. En realidad estaban separando las capas que ya habían cortado. Una doctora me dijo que ya casi tenía a mi bebé, pero pensé a que se refería a que ya casi me empezaban, hasta que de repente escuché un chillido. Me sorprendió y me puso feliz y me dieron ganas de llorar al mismo tiempo. Luego me la pusieron encima, pero solo alcancé a ver un ojito pispireto y unos chinitos abundantes. 

Mi marido estuvo allí para recibirla. La pobre no podía abrir un ojito, como yo cuando tengo muchísimo sueño, y luego salió en su primer foto con una cara de "¿Quién demonios decidió molestarme?". Por cierto que la doctora dijo que la bebé aún estaba súper arriba (se supone que tienen que bajar para que puedan salir por parto). 

Lo demás fue rápido y en menos de una hora ya estaba en recuperación, con una criatura que no llegaba ni a los 3 kilos en brazos, tratando de entender cómo funcionaba la lactancia. Después de un rato pasó una enfermera y me regañó porque se me estaba enfriando. Se la llevaron a una cuna con luz para que se calentara y no volví a verla hasta que estábamos en el cuarto. Nos dijeron que la tuviéramos piel con piel ambos papás durante un rato para ayudar a que mantuviera el calor que ya le habían dado, y después de ahí ya todo estuvo bien, Me espanté bastante. La verdad estuve haciendo drama un rato porque me entró el miedo de que no sirviera como mamá. Y fue una sensación que tardó en quitarse un rato, porque la primera vez que la llevé al pediatra me regañó porque perdió todo el peso que es normal que pierda, según porque no estaba funcionando mi lactancia, pero ya había visto suficientes TikToks sobre lo maravillosa que es la leche materna como para no intentarlo así que cambié de doctor y aquí estamos seis meses después con buen peso y excelente estatura. Sólo se me ha enfermado una vez a los cinco meses, cuando me dio gripa a mi, pero se compuso mucho más rápido que yo.

Por cierto que regresar a casa fue un suplicio. La señorita se tomó enserio el nombre de Lilith y nos persiguieron las tempestades desde Toluca hasta la casa. Además, la anestesia se me empezó a pasar cuando veníamos entrando a la ciudad, pero creí que iba a aguantar hasta la casa y para cuando ya no podíamos pasar por una farmacia ya estaba prácticamente gritando. Nunca sabes cuántos baches hay por tu casa hasta que regresas casi sin analgésicos y recién operada. 

En fin. El primer mes fue bastante pesado. Nitzia comía muchísimo, casi cada 15 minutos, un día de plano comió durante nueve horas y yo estaba exhausta y adolorida. Mi pobre marido llegaba del trabajo a tratar de que no ahorcara a su bebé porque tenía cara de que queria, jaja. Además, estaba tan estresada que no aguantaba que me ayudara a tratar de calmarla diciéndole "shhh" porque me daban ganas de matar a alguien. No pregunten, yo tampoco entiendo. Lo bueno es que no mucho después ya se fue aligerando la carga, la bebé empezó a establecer horarios y como a los tres meses ya todo era más fácil. En realidad es una bebé muy tranquila y tierna, que tiene unos ojos enormes y hermosos con unas pestañas tupidas y chinas. Es igualita a su papá de bebé, pero con mis ojos. 

Hablando de él, tengo el mejor marido del mundo. Siempre me estuvo cuidado, procurando que no me falte nada, hace hasta lo imposible por que yo esté cómoda y contenta, ayuda muchísimo con el bebé y es el un papá increíble. No pude pedir un mejor padre para mi hija, ni un mejor marido. Ya tenemos un año de casados y sigo sin tener una queja de él. 

Por si no fue muy obvio: la Ajolotita oficialmente se llama Nitzia Lilith. Cada quién escogió un nombre, el de Vic significa "nuevo comienzo" o "brote de flor", y me gusta muchísimo porque considerando que Itandahue es "Flor del cielo", significa que es mi brotecito. Y, bueno, creo que no tengo que explicarles el Lilith ¿Verdad? Soy yo. Y aunque mi familia hizo un drama, Lilith rocks. 

Los dejo con mi foto favorita de mi chaparra recien nacida. Look at that cutie. No puedo con tanta ternura, me dan ganas de comérmela.