El mes pasado fue mi graduación. Tuve muchos problemas tanto en mi casa con la abuela como con los organizadores del evento y sinceramente estaba más hasta la madre del tema de la graduación que emocionada por ella, pero al final me he divertido como enana. Jamás me sentí más querida e importante en la vida, salvo quizá en mi cumpleaños 18. Todos mis amigos estuvieron allí, me veía f-a-b-u-l-o-s-a (amé el vestido con pasión y locura, como cuando tienes un vestido favorito de pequeña y quieres usarlo hasta para dormir e ir a la escuela), y bueno, estaba tan contenta que nos corrieron a las cuatro de la mañana y yo no quería irme. 

Por cierto ¿Recuerdan que todo mundo me súper shippea con Carlitos? Bueno, mi abuela necesitó quince minutos de vernos juntos para que me ultra regañara. En serio, no bromeo, me llamó aparte de todos y me preguntó si Carlitos era mi novio, y ante la negativa me dijo que cómo era posible que me abrazara con él así y que sólo tenía que estar en brazos de mi marido y bueeeno, qué les digo, cosas del siglo pasado como esas. Esto ya es el colmo jajaja. Además, se la pasó observándonos TODA la noche. Parecía zopilote sobre animal moribundo. 

De hecho esa noche fue muy graciosa en cuanto a Carlitos y a mí. Estabamos extremadamente divertidos y sacados de onda con lo de la abuela, le pseudo enseñé a bailar, durante el Mariachi nos estabamos cantando… jo. Incluso en un momento algo decía la canción sobre terminar, y él de “Ay no u.u” y yo de “Si ni hemos empezado :/” y él de “Oh, es verdad :/” ¡Pfft! Condenado desmadre de relación tenemos ¿No? Incluso en la noche todos se quedaron en mi casa y se estaban burlando de nosotros por lo de la abuela, entonces Sofía trató de sacarle la sopa sobre qué tanto quería abrazarme y le contestó, pero en binario. Luego se aseguró de que supiera que quiso decir “9/10”. Ustedes saben que era 10. Eeeeeen fin. 

Algo que deliveradamente no les platiqué fue que Silvia, Cristal y yo no estábamos del todo en buenos términos. Resulta que existe una tipeja llamada Carla que iba con nosotros en la prepa y que decidió estudiar lo mismo que yo en el mismo lugar. Jamás fue mi amiga, apenas y la saludo. Por obvias razones también iba a graduarse al mismo tiempo que yo, el problema radicó en que en realidad hubo dos graduaciones de mi carrera, una en febrero y otra en marzo. Silvia y Cristal también son amigas suyas y aquella ya había decidido ir a la graduación de febrero, por lo que Silvia y Cristal comenzaron a darle dinero antes que a mí, pero después la fulana decidió que le gustaba más la idea de ir a la misma graduación que yo y ahí se fue todo a la mierda, porque Cristal no quiso pedirle el dinero de vuelta, y Silvia no quiso ser la única, así que en resumen: no irían conmigo a la graduación, pero equis, estarían ahí. 

Por supuesto ustedes ya me conocen y saben que para mí eso lejos de ser “equis”, constituía alta traición. Estuve enojadísima, apenas y podía verlas, en una ocasión en que sí nos vimos me puse pedísima por ese asunto…. bueh, fue el drama en turno. Y creo que esa era una de las principales razones por la que no estaba del todo emocionada por mi graduación. En realidad cayó en un día de esos en los que me siento adormecida, como si sólo me dejara llevar por la corriente y no fuera capaz de sentir.

Pero al final del día no estuvo nada mal ¿Saben? Cuando regresé de recoger mi reconocimiento y esas cosas cursies que pasan en la parte “principal” de la fiesta pero que en realidad ocurren prácticamente al principio, ya estaban ahí listísimas para felicitarme. Se quedaron un rato con nosotros y luego volvieron a su lugar. Más tarde Maldad me sacó a bailar y de algún modo terminamos bailando todos en grupito (lol.) al que después se unieron Cristal y Chivi. (Luego se anexó aquella y yo volví a mi lugar, pero esa soy yo haciendo berrinche).

Pasamos así gran parte de la noche, bailando en grupito, con Chivi y Cristal ignorándo a aquella olímpicamente por pasar tiempo con nosotros, máxime que la estúpida de Carla se lastimó un pie bailando y tuvo que quedarse en su lugar. En fin, me sé una mala persona por alegrarme y por estar feliz de que la ignoraran, pero ya saben cómo adoro sentirme la número uno en la vida de las personas y así me sentí en ese momento. 

 (Tell me that’s not the cutest picture ever)

Así es como logré que una noche que pintaba para ser una mierda resultara ser en realidad un gran día, del que probablemente me acuerde por un buen rato, y en el que me dí cuenta de que hay muchas personas que me quieren más de lo que yo creía. Tuve a toda mi familia allí. Es decir, la familia que me importa: Mi mamá y mis coquitos. Era un poco surreal vernos a todos así de sensuales y todos juntos. Creo que no podía pedir nada más.

… Vale, estoy mintiendo un poquito. Me la pasé pensando si debía invitar a Laura. Probablemente me iba a mandar a la mierda y probablemente yo estaría de acuerdo con ello, pero la idea no dejaba de rondarme la cabeza. Creo que siempre imaginé ese momento con ella y fue extraño que no fuera así. Pero bueno, así las cosas con esto de las enchiladas y los orgullos. 

Bat-Me and Roby

Tal vez por mi transtorno, tal vez porque sencillamente soy una zorra, pero el último año y pico me la he pasado de flor en flor, de ahí que realmente no haya hablado demasiado del amour con ustedes. Eso por supuesto cambió cuando conocí a Roby. Nos conocimos cuando fui arrastrada a un gamerbar de la Roma con el que yo no tenía nada en común mas que aquellos que me obligaron a ir, con engaños debo añadir.  Y allí estaba él, con todos los motivos para estar ahí. Hola, qué tal, qué asco de música ¿No? ¿Me das tu teléfono? Bingo.

Lo que empezó como algo casual pronto evolucionó a algo mucho más serio. Pfft. ¿Qué les puedo decir? Al parecer nos gustamos demasiado para dejar que fuera sólo algo casual. En realidad nos parecemos mucho. Incluso es más ególatra que yo, viva el egocentrismo. También es super leal, hasta me plantó en mi lugar después de su familia –mejor amiga incluída- desde el principio, pero de algún modo es refrescante escuchar las reglas del juego sin tener que descubrirlas. Además, me dice lo que piensa, y a mi me gusta la gente directa. De hecho, llegué a la conclusión de que se parece mucho al Kai de mi novela y eso me hace más gracia de lo que pueden imaginarse. ¿Su nombre? Roberto. Roby. I like it. Tiene 22.

Y es ALTO, en serio alto. Necesito tacones para estar con él y aún así puede rodearme los hombros con el brazo sin apenas levantarlo. Damn. Ugh, y besa que me derrite, maldita sea. La primera vez que me besó ya había algo entre nosotros, por mensajes obviamente, y yo no sabía si besarlo o saludarlo casual. Bueno, el señor fue directo por el beso, y no lo pude soltar hasta que noté que incomodamos al público involuntario jajaja. Tuvimos que recurrir al café para quitarnos las manos de encima. Los primeros besos luego de eso fueron al ritmo de Seven Nation Army y no sabía que esa canción podía sonar todavía mejor pero sí se puede. Nada mejor que unos besos con una buena rola de fondo.

El problema con Roby era que iba demasiado rápido. A la velocidad de la luz. Tenemos más de un mes platicando del diario, pero el niño me soltó el te quiero en un tris. Tenía una razón, por supuesto (dah, soy yo) porque tuvo un ligero traspie con cosas del trabajo y tener quién le echara porras le dio razones, pero… sencillamente no podía decirlo de vuelta, y me sentía una perra por desviar el tema cada que lo hacía. (Claro, hasta que el muchacho me tendió una emboscada y me llamó por teléfono, aunque sólo consiguió un “también” hasta bastante después). Lo interesante es que jamás se quejó. Su estocísmo y su insistencia finalmente dieron resultado eventualmente. Ni siquiera supe cómo o por qué, sencillamente salió.

En fin, entre eso y que me planeaba presentar a sus dos mejores amigos en la primera cita yo estaba por volverme loca, pero eventualmente encontró el freno. Y la verdad  es que me agrada bastante. Ahora resulta que oficialmente estamos saliendo, ya hasta les habló de mí a sus padres. Creo que es la primera vez que un chico le habla de mi a sus padres, al menos así. No sé, es divertido.

En realidad apenas y podemos vernos, entre las clases, mi tesis, su maestría y sus horarios Godín, creo que será novio de de vez en cuándo el sábado por la tarde, pero no me desagrada la idea. Los dos estamos contentos, supongo que es lo importante.

¿Qué tal su inicio de año? ¿Le ganan al mio? Lo dudo.